Te prometo que estaré bien
- 23 oct 2021
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Actualizado: 24 oct 2021
—Ya descansa mami, no sufras. Te prometo que estaré bien. Fue la frase que le repetía a mi viejita una y otra vez cuando su cuerpo ya no daba más. No deseaba que sufra, y quería que parta de una vez, aunque nunca imaginé (en toda su dimensión) el dolor que esa partida significaba. Simplemente no puedo definirlo con palabras.

Hoy 23 de octubre se cumplen nueve largos meses desde que se fue. Es el reto más difícil al que me he enfrentado. El proceso de dolor desgarra el corazón, es tan profundo que siento que muchas veces desangro por dentro. Ella era mi reina, yo su nena, su conchito.
Este dolor (sumado al sufrimiento) me afectó no solo emocionalmente, sino físicamente. La alergia que tenía se agudizó. No solo era alérgica a los mariscos (algo que descubrí a pocos días de enterarme que mi mamá tenía cáncer y que me llevó a emergencia) sino también a otros alimentos e incluso a algunos insectos. Después de su partida todo se hizo más fuerte, tanto así que podía darme un cuadro de alergia incluso ante situaciones de estrés.
Era evidente que el estrés (del día a día) sumado al sufrimiento (de tan dolorosa pérdida) detonó mi alergia, haciéndola más aguda y hasta peligrosa. El promedio de Inmunoglobulina E (anticuerpos que están normalmente en cantidades reducidas en la sangre) para cualquier persona es de 200, yo tengo 588; por ello estoy en tratamiento médico para evitar que ese nivel aumente. El doctor me dijo que un 30% tiene causa física y un 70% es emocional y que para que no aumente ese nivel debo trabajar en reducir el estrés y cualquier tipo de tensión que me afecte emocionalmente. Ya se pueden imaginar el gran desafío que eso significaba para mí.
¿Cómo manejar el estrés, sufrimiento y tristeza si tengo una pena tan fuerte que me atraviesa el corazón porque partió el ser que más amaba en mi vida?
Durante todo este proceso, con una mirada hacia mi interior, algo empezó a cambiar. Recordaba lo que siempre le decía: —Ya descansa mami, no sufras. Te prometo que estaré bien. No quería que mi mamá sufra, y sé que ella tampoco quería eso para mí. Le prometí que estaría bien y no estaba cumpliendo mi promesa.
Con todo ello, sabía que tenía que manejar mi duelo. Soy consciente que la partida de mi mami es el dolor más fuerte que me podido sentir, pero no puedo seguir sufriendo (y en silencio) porque eso me hace mucho daño (y mi cuerpo lo está manifestando). Por amor a ella y por mi bienestar decidí no continuar así.
En las últimas semanas descubrí que el sufrimiento se acentuaba porque me aferraba a sus recuerdos a través de su ropa, la cual seguía usando hasta hace poco. Necesitaba sentir su presencia a través de sus prendas, no me daba cuenta que no la dejaba partir y eso acrecentaba mi sufrimiento.
No cabe duda que lo más difícil, cuando te enfrentas a la muerte, es la separación física, material. Y es por eso que sufrimos tanto. Pero hay un sentimiento que es más fuerte y sobre todo es sanador. Por ello me enfoqué en su AMOR, algo que trasciende a la muerte. Sentir ese amor me permite entender que ya es hora de dejarla partir.
Hoy puedo decirles que el dolor sigue con la misma intensidad, pero ya no sufro (eso intento). Sigo llorando muchas veces cuando pienso en ella, pero ahora también sonrío al contemplar su foto, al recordarla, y no me derrumbo cuando la sueño o cuando quiero verla para conversar y sé que no está.
Siento sus abrazos y caricias cuando me visita en mis sueños (lo hace seguido, gracias a Dios) me habla, me mira callada, me muestra dónde vive (les cuento que es un lugar hermoso rodeado de jardines, en la cima de una montaña, creo que me mostró el cielo) disfrutamos de momentos lindos, y eso ¡me hace muy feliz!
Hoy, a nueve meses de su partida, la muerte tiene otro significado, otro sentido para mí. Estoy preparada para decirle que la dejo partir, que siempre la amaré y que nuestras almas estarán juntas como lo fue en vida, y que no necesito ponerme sus prendas para sentirme cerca de ella.
El dolor también enseña y mucho, pero más el amor. Enfocarme en ese gran amor infinito que siento por ella me ayuda a atravesar este proceso. Y ahora sí puedo decirle con certeza: —Ya descansa mami, no sufras. Te prometo que estaré bien.




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