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Lecciones de mi mal humor

  • 10 oct 2021
  • 3 min de lectura

Aunque tengamos días que no sean tan buenos, siempre nos traen aprendizajes que nos enseñan y ayudan a ser mejor.


Hoy amanecí supuestamente tranquila y feliz por un día más de vida. Agradecí a Dios, como siempre hago cada mañana, por un nuevo amanecer. Medité diez minutos como parte de mi ritual matinal, que es mi vitamina diaria. Pero luego me di cuenta que estaba muy fastidiada, ¿la razón? ¡Supuestamente no había ninguna! Simplemente me sentía de mal humor.


Hace mucho tiempo que no me pasaba y me sentí culpable por estar así. Antes del desayuno, luego de dar algunas indicaciones (definitivamente con una voz diferente) a Vale, mi hija más pequeña, me dijo: "mami pensé que habías amanecido feliz y ahora te siento molesta". Con una sonrisa forzada le dije, no mi amor, estoy bien. ¡Eso me hizo sentir peor! porque no quería aceptar, ni menos dar a notar, que algo me pasaba.

Traté de aplicar todas las herramientas que practico: respirar pausadamente, enfocarme en mi presente, agradecer aún más, tener pensamientos positivos, pero ¿sabes qué? me sentía igual de fastidiada y cualquier cosa me incomodaba...y eso me hacía sentir peor :-(

Durante el desayuno, en un restaurant al que no íbamos desde antes de la cuarentena, mientras todos estaban con su celular, saqué mi pequeño cuaderno y escribí todas las emociones negativas que sentía (gracias a Denise Goshima y Alex Landázuri porque antes no me atrevía a hacerlo) y la verdad me ayudó mucho, me sentía mejor, como liberada.

Después leí todo lo que escribí y me pregunté mentalmente ¿por qué siento eso? ¿ qué pensamientos vienen con esas emociones? Tuve respuestas y eso me gustó porque me enfrenté a esas emociones que me fastidiaban y pude entender (y aceptar) las razones de esas molestias.


Luego de ello tuve una conversación con Cami, mi hija mayor, sobre diferentes temas. Todo fue muy amical, aunque con su parte media tensa, porque a veces el lado de mamá sobre protectora me gana; sobre todo cuando la conversación tiene que ver con chicos. Quienes son mamás de adolescentes o jovencitas me entenderán muy bien este punto.


Luego de la conversación, le di un beso y me fui a la cocina. Definitivamente ya estaba con otro humor, más tranquila porque pude entender qué me pasaba y eso fue bueno, pero lo que terminó de hacerme sentir mejor fue el abrazo que me dio Cami. Cuando estaba preparando el almuerzo vino por detrás y me dio un abrazo fuerte y tierno que me llenó el alma, lo necesitaba. Ese abrazo me hizo sentir muy bien y feliz por la hermosa relación que hemos construido juntas. Realmente me siento dichosa con mis dos retoños, son mi vida.


En resumen, les puedo decir que este día fue de mucho aprendizaje y tuve lecciones muy enriquecedoras que comparto con ustedes:

  • No reneguemos de lo que sentimos. Si nos levantamos de mal humor, fastidiados o molestos, está bien. Miremos con compasión cada emoción. Así como vienen, se van.

  • No seamos duros con nosotros mismos, aceptemos lo que nos pasa y trabajemos en ello con las mejores herramientas que tengamos a mano.

  • Es importante sacar todas las emociones que nos hacen daño. Si no queremos hablarlas, podemos escribirlas, y de esa manera seremos más conscientes de lo que nos pasa y las podemos enfrentar.

  • No siempre tendremos días buenos, pero siempre podemos decidir y hacer que mejoren. Al final, estar bien o mal es una decisión. No somos nuestras emociones, somos más que eso.

  • Un abrazo es una de las vitaminas más revitalizantes que pueden existir.

  • Todos los días tenemos nuevos aprendizajes, aprendamos de todo lo que nos sucede.


¡Que tengan una linda semana


 
 
 

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Elena Molina

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© 2021 by  Elena Molina

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